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ADVIENTO (B) 2017

ADVIENTO

La gozosa esperanza y la vigilancia

El comienzo del nuevo año litúrgico con el tiempo del Adviento, en contra de lo que pudiera parecer, no significa una ruptura; el Adviento sitúa de nuevo al pueblo cristiano en una tensión espiritual que viene propiciada por dos venidas del Hijo de Dios: la espera del retorno glorioso de Cristo al final de los tiempos –Parusía– y la preparación de la próxima fiesta de la Navidad. Estos dos acontecimientos se presentan en exquisita armonía con sus momentos propios a lo largo de las cuatro semanas del Adviento: hasta el día 16 de diciembre, la Iglesia centra la mirada principalmente en la espera dichosa de los últimos tiempos «cuando venga de nuevo –el Señor– en la majestad de su gloria, revelando así la plenitud de su obra» (prefacio I); por su parte, la octava previa al 25 de diciembre se fija más intensamente en la realidad de la Encarnación y la necesaria preparación para la Navidad: «quien al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne, realizó el plan de redención… y nos abrió el camino de la salvación eterna» (prefacio I).

De esta manera, el Adviento pone ante nuestros ojos de manera sintética la Historia de la Salvación que comenzó con la promesa del Mesías hecha al pueblo de la primera Alianza y que culminará con su regreso como «Señor y Juez de la Historia» cuando termine este mundo y nazcan «los cielos nuevos y la tierra nueva» (prefacio III).