2014-11-28 Radio Vaticana

(RV).- “Una Iglesia en salida, samaritana, para encontrar a Dios que habita en la ciudad y en los pobres”, es esta la imagen trazada por el Papa Francisco esta mañana en la Sala del Consistorio, al recibir a los participantes al Congreso Internacional para la Pastoral de las Grandes Ciudades.

Para esta ocasión el Santo Padre había ya enviado un mensaje dirigido al arzobispo de Barcelona (España), el Cardenal Lluis Martinez Sistach. En la audiencia estuvieron presentes un grupo de cardenales y arzobispos provenientes de las grandes ciudades de los cinco continentes. A los prelados, el Pontífice les habló desde su “experiencia personal” como obispo y pastor de una ciudad populosa y multicultural como es Buenos Aires (Argentina).

En su discurso el Obispo de Roma exhortó a los participantes a “cambiar de mentalidad pastoral, para aumentar nuestra capacidad de diálogo con las diversas culturas”, “valorizar” la religiosidad popular, compartiendo pan y Evangelio con los más pobres. Refiriéndose a los grandes centros poblados y aglomerados, el Pontífice notó que es necesario un “replanteamiento de nuestras ideas y de nuestras actitudes”, de tal modo de no permanecer desorientados, frente a los desafíos de nuestro tiempo. La propuesta de Francisco es “una verdadera transformación eclesial”, en clave de misión:

“Un cambio de mentalidad: del recibir al salir, de esperar que vengan a ir a buscarlos. ¡Para mi esta es la clave! Salir para encontrar a Dios que habita en la ciudad y en los pobres. Salir para encontrarse, para escuchar, para bendecir, para caminar con la gente. Y facilitar el encuentro con el Señor. Hacer accesible el sacramento del bautismo. Iglesias abiertas. Secretarias con horarios para las personas que trabajan. Catequesis adecuadas en sus contenidos y en los horarios de la ciudad”.

La Iglesia, recordó el Papa, viene de una práctica pastoral de siglos, en el cual tenía como único referente a la cultura: pues, agregó, “tiene sentido la responsabilidad de delinear, de imponer, no solo las formas culturales, sino también los valores”. Pero, no seguimos más en esa época:

“Ha pasado. No estamos en la cristiandad, no más. Hoy no somos sólo los únicos que producen cultura, ni los primeros, ni los más escuchados. Por lo tanto, es necesario un cambio de mentalidad pastoral, pero no una pastoral relativista, que por querer estar presente en la ‘cocina cultural’ pierde el horizonte evangélico, dejando al hombre abandonado a si mismo y emancipado de la mano de Dios”.

De este modo, dijo el Sucesor de Pedro, no se tiene un verdadero interés por el hombre; al contrario, se ocultaría a Jesús y la verdad sobre el mismo hombre:

“Es necesario tener valentía para hacer una pastoral evangelizadora, audaz y sin temor, porque el hombre, la mujer, las familias y los diferentes grupos que habitan en la ciudad nos esperan y tienen necesidad del Evangelio, de la Buena Noticia que es Jesús en sus vidas. Muchas veces escucho decir que se siente vergüenza de exponerse. Debemos trabajar para no tener vergüenza o temor de anuncia a Jesucristo”.

Es posible iniciar un diálogo con la cultura, como ya está sucediendo en América Latina y el caribe desde hace algunas décadas, porque se han dado cuenta de la fuerza religiosa que viene sobre todo de las mayoría pobres:

“Dios continua hablándonos hoy, como ha hecho siempre, por medio de los pobres. En general, las grandes ciudades hoy son habitadas por numerosos migrantes y pobres, que provienen de las zonas rurales, o de otros continentes, con otras culturas”.

La realidad de la ciudad de la cual no se puede prescindir es aquella de los pobres, de los excluidos de los descartados, señalo el Pontífice:

“La Iglesia no puede ignorar sus gritos, ni entrar en el juego de los sistemas injustos, mezquinos e interesados que buscan hacerlos invisibles. Tantos pobres, víctimas de antiguas y nuevas pobrezas. ¡Existe la nueva pobreza! La pobreza estructural que está excluyendo generaciones de familias. Pobreza económica, social, moral y espiritual. Pobreza que margina y descarta a las personas, a los hijos de Dios. En la ciudad, el futuro de los pobres es la pobreza”.

Refiriéndose a la capacidad de dar testimonio, el Santo Padre señaló que la Iglesia se debe hacer ‘samaritana’, dando un testimonio concreto de misericordia y ternura. Buscando construir – en la ciudad – la justicia, la solidaridad y la paz, para ello es necesario la ayuda de los laicos:

“También la libertad al laico. Porque aquello que encarcela, que no deja abrir las puertas, es la enfermedad del clericalismo”.

 

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