2014-04-13 Radio Vaticana

 «Durante la celebración del Domingo de Ramos, el Santo Padre Francisco llevará un báculo pastoral que le ha sido donado por los presos de la cárcel de San Remo (Italia). Es muy sencillo, de madera de olivo. La parte superior termina con la cruz y también lleva el escudo del Papa». A esta información del Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Padre Federico Lombardi se añaden otros detalles sobre la celebración de la Pasión del Señor, en la que el Papa, como es tradicional, presidirá, en la Plaza de San Pedro, la Santa Misa después de la procesión – conmemorando la entrada de Jesús en Jerusalén – y luego dirigirá el rezo a la Madre de Dios.
También este año, por décimo quinta vez, el adorno de los olivos en la Plaza de San Pedro ha sido ofrecido por la región italiana de Pulla y los tradicionales ‘parmurelli’ – es decir las palmas trenzadas, llegan desde San Remo. Un ‘parmurelo’ especial, de más de dos metros de altura será donado al Papa Francisco. Ha sido trenzado con tres ramas de palma, simbolizando la Santísima Trinidad.
Por su parte, el grupo de trabajo de la Cooperativa proyecto 2000, llegado desde Pulla, se ha propuesto crear con flores multicolores, olivos y palmas un adorno, también especial para engalanar la Plaza de San Pedro. Como se lee en una de las numerosas tarjetas que se van a distribuir, esta región italiana «ofrece una espiga de grano y una rama de olivo» «como símbolo del don eucarístico y de la paz». «Por gratitud al Santo de los Santos, para invocar la gracia del perdón y la reconciliación para la familia humana».
Y para el 27 de abril, con motivo de la canonización de Juan XXIII y de Juan Pablo II, la misma región de «Pulla ofrece una flor – al Papa Roncalli – al Papa de la bondad. Fresca como su palabra evangélica, delicada como su sencillez, intensa como su abrazo humano. De parte los hombres y mujeres de buena voluntad, una flor al Papa de la fraternidad, del ecumenismo, de la paz, de la humildad de corazón».
Y una flor al Papa Wojtyla, «al Papa del coraje. Fuerte como su vocación misionera, duradera como su oración, perfumada como su acto de consagración a María. De parte de los hombres y de las mujeres de nuestro tiempo, una flor al Papa que cruza los umbrales de la esperanza, mira hacia el futuro de los pueblos, ayuda a abrir de par en par las puertas a Cristo». (CdM – RV)

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