Dos niñas frente a la parroquia de la Sagrada Familia en Gaza

La presencia de los cristianos en Tierra Santa es imprescindible para que siga siendo Santa

Emilio Pinto, 01 de agosto de 2014 a las 11:55

Peregrinos de esta semana en la puerta del Santo Sepulcro: Gracias

Gaza significa nudo, y nudo es lo que tenemos el mundo entero por lo sucedido en Gaza: un nudo en la garganta, un nudo en el estomago y un nudo en el alma. Pero como todo nudo, se deshace con una simple operación: tiras un poco de aquí, pasas por debajo y ¡Eureka! Se deshizo. El problema es tirar de donde no se debe tirar, si lo haces el nudo se aprieta más. Algunos desde dentro y otros desde fuera no hacen más que tirar de la cuerda, y toda cuerda tiene limites.

Yo no entiendo las guerras, siempre me han parecido absurdas y el fracaso del hombre ante el conflicto. Pero a parte de no entenderlas, tampoco considero que tengamos toda la información necesaria: Una guerra oculta siempre razones que no se ven y dan otras que parecen ser la causa. La guerra es como un Caleidoscopio: cada uno de los protagonistas, los espectadores y los medios de comunicación irán girando el tubo para que veamos justo el lado opuesto y dejar por imposible el lado real.

Cuando hay una pelea en mi pueblo, siempre viene algún vecino a separarles, y si hace falta la guardia civil. ¿Dónde están los vecinos? ¿Dónde está la guardia Civil? Después en mi pueblo se va al juzgado y el juez dice quien tenía razón. ¿Dónde están los jueces? Si los responsables de Hamas son terroristas tendrán que ir a la cárcel y que busquen otros políticos que los gobiernen, y si Israel ha atacado sin razón o se ha pasado en el ataque, sus responsables tendrán que ir a la cárcel. Sencillo no, posible si.

Dicen los Franciscanos que no quieren volverse a convertir en guardianes de monumentos y yo les entiendo. Tierra Santa sin peregrinos es como una fe sin actos.

Los peregrinos para Tierra Santa somos las piedras vivas, la razón de los Santos Lugares, la fuerza de los pocos cristianos que quedan. Cada peregrinación que se hace recuerda a unos y a otros que para nosotros también es Santa, que es nuestro quinto evangelio y que queremos ser parte de una paz, sin más pretensión que la de cumplir el mandamiento del amor: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”.

Si queremos la paz tendremos que ir a construirla: los gestos, las palabras, la valentía, la oración, la presencia, el amor a todos, el vivir sin necesidad de un posicionamiento, no por falta de inteligencia sino para que el otro se sienta acogido en su dolor, venga de donde venga ese dolor. Perdonar se va hacer muy cuesta arriba, pero no imposible, ahora hay que dejar que las heridas cierren y que no se mire todo los días la cicatriz.

Doy gracias a Dios por todos los peregrinos que justo ahora han elegido ir a Tierra Santa , justo en el momento que hace más falta su oración, justo en el momento en el que debemos de recordar que nosotros somos parte de esa tierra, justo cuando más nos necesitan. Gracias.

Esta mañana hemos amanecido con una tregua de 72 horas, dicen que durante esas horas se volverán a sentar en El Cairo para intentar llegar a una tregua indefinida. Y así lo deben de hacer, ni el mundo ni ellos pueden aguantar mucho más.

Todos somos peregrinos en la vida, unos saben donde van y otros no, unos tienen fe y otros no, unos son de un pueblo y otros de otro. Pero cuando vamos a Tierra Santa nos convertimos en peregrinos de la misma tierra de Jesús, a Él le pido, al maestro, que abra nuestro entendimiento y nuestro corazón, y nos haga saber cual es nuestra misión en este y en todos los conflictos con los que nos encontremos.

La presencia de los cristianos en Tierra Santa es imprescindible para que siga siendo Santa.

No podemos peregrinar solo como una experiencia personal o comunitaria, debemos saber que nuestra presencia allí es en algunos momentos más valiosa que en otros.

Un verdadero amigo acude a las fiestas cuando es invitado y a las desgracias sin que le avisen.

Peregrinar solo para sentirme yo bien creo que puede ser uno de los mayores pecados de nuestra historia actual: el egoísmo. Hoy nos necesitan.

Yo ya tengo la fecha para volver.

Imagínate que el nudo lo tuvieras tú en tú casa: ¿no esperarías a que alguien fuera a ayudarte?…

¡Que alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor!

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