“No podemos acobardarnos, pero tampoco dejarnos llevar sólo por sentimientos”, afirma en su carta semanal

VALENCIA, 10 SEPT. (AVAN).- El cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, dedica su carta de esta semana a la crisis migratoria, que produce una “avalancha a Europa de refugiados, de perseguidos, de hermanos nuestros que miran a nuestros países como la solución a sus inmensos problemas”, y asegura que “lo primero que reclama esta realidad de todos y, particularmente, de la Iglesia es el sentirnos al lado de ellos, como si del Señor se tratara, porque con ellos se identifica”.

Además, advierte que “no podemos ser pusilánimes, ni acobardarnos”, pero tampoco “perder la cabeza y dejarnos llevar sólo por sentimientos”. Por ello pide una movilización de toda la Iglesia en Valencia con la que “hacer posible el gran milagro que en estos momentos necesitamos en el mundo, en Europa y en España”, para lo cual “es urgentísimo avivar nuestra fe en Dios: y ahí tenemos la oración”.

En su carta, que titula “En casa hay sitio para un hermano más”, recuerda el cardenal Antonio Cañizares las palabras de Jesucristo “fui forastero y me acogiste”, en las que “nos interpela con una fuerza provocadora que nos llama a la conversión, hoy todavía más aún” y asegura que ante esta situación “no podemos cruzarnos de brazos”.

Así, el purpurado invita a poner “cuanto tenemos y pueda ayudar en manos de los que nos llegan, con el debido discernimiento: pisos, viviendas, locales, ropas, alimentos, ayudas económicas, servicios jurídicos…, todos y todo para ayudar, con valentía, firmeza, decisión, confianza”.

“Acogerlos sin caer en favoritismos”

En la carta, que publica hoy el periódico diocesano PARAULA, recuerda el titular de la archidiócesis de Valencia también que “el Señor se identifica con los refugiados y perseguidos y la amargura que sufren tuvo que soportarla Él también en los primeros años de su vida terrena, y la sigue soportando hoy en ellos mismos, hay que hacer todo por ellos”.

En este sentido, el arzobispo de Valencia alienta a “aceptarlos y acogerlos cordialmente para que se sientan reconocidos en toda su dignidad de hermanos, ser hospitalarios de verdad, sin exclusiones o posturas discriminatorias”.

También advierte para no caer “en favoritismos de primero los nuestros, después lo que podamos”, porque “Dios no admite acepciones; ha elegido a los pobres del mundo: es claro y determinante” y “no hay otra manera de amarle que amando, dando, sirviendo a los pobres que sufren, sobre cuyo amor nos juzgará al final de nuestros días”.

“¿Qué se hace en los países de origen y con los países de origen?”

Más adelante, y después de subrayar que “es necesario que las legislaciones sean generosas y equitativas, promotoras de la justicia y la paz y atentas a la solidaridad real y efectiva”, el cardenal Antonio Cañizares plantea públicamente varias preguntas: “¿Qué se hace en los países de origen y con los países de origen? ¿Cuáles son las motivaciones y las causas que están produciendo esta catástrofe mundial? ¿Quiénes están dentro y detrás de estos movimientos que no son casuales? ¿Cuál es, aunque sea una pregunta políticamente incorrecta, el juego de, digamos, el autollamado «Estado islámico», el yihadismo u otros movimientos que favorecen esta situación tan dramática?”

En consecuencia, prosigue el purpurado, “habrá que actuar sin ponerse nerviosos, pero actuar; habrá que actuar colaborando con los poderes públicos, con los Estados y gobiernos que correspondan, pero actuar sin más dilaciones y paliar esta situación hasta que se encuentren soluciones globales y verdaderas”.

Concluye su carta el Cardenal ofreciendo la colaboración de la diócesis “a quienes están en la responsabilidad pública y política en nuestros pueblos y ciudades, Comunidad Autonómica y responsables estatales”.

“Esta acogida es posible por las raíces cristianas; que no desaparezcan”

Sin embargo, también llama la atención para evitar que “esta realidad tan dolorosa pueda oscurecer la lucidez necesaria para salvaguardar nuestra patria común, que tiene unas raíces que hacen posible esta acogida: las raíces cristianas, que son de caridad, justicia y misericordia; si desaparecen estas raíces todo se vendrá abajo”.

De igual modo, “me permito añadir que no podemos olvidar que esta emergencia es una llamada a la comunidad internacional, a un nuevo orden justo, y una exigencia de reciprocidad, sobre todo, en países del área cultural y religiosa con suficientes medios de la que nos llegan estos hermanos nuestros”.

Al final de su carta, el Cardenal invita a organizar “vigilias y encuentros de oración y adoración” y a que “no endurezcamos nuestro corazón”. 

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