Lo leemos repetido en los periódicos: Un coche coreano con unas ventas insignificantes podría convertirse en un vehículo de moda gracias al “efecto Francisco”. Se trata del Kia Soul que utilizó el papa en la reciente visita a Corea del Sur. El pidió previamente que lo trasladaran en el automóvil más pequeño fabricado allí. Ahora resulta que las ventas de este modestísimo utilitario se han disparado dentro y fuera del país que acogió al pontífice.

Y conste que las autoridades desecharon otro vehículo aún menor, pero con más dificultades prácticas para la ocasión.

Tiene gracia. Hace tiempo escribí en este blog que el Papa Bergoglio habla y hace cosas como las personas normales. Con una notable diferencia: que él es el papa y tiene innumerables problemas y compromisos. Soy un cura mayor, exactamente de la misma que Francisco. Que yo use para el servicio de cuatro parroquias pequeñitas un Saxo, el coche más pequeño de una conocida marca francesa, no es un acto de virtud. Sólo de sentido común. No necesito más. A mi autoestima tampoco le hace ninguna falta “fardar” de rico o de importante ante mis feligreses o ante mis vecinos urbanos. Puro sentido común.Evidentemente, el papa lo tiene más difícil y tiene que romper con protocolos, usos y costumbres de su Estado y de los Estados que visita.
Pero eso de que la elección evangélica del Papa haya disparado las ventas de este modestísimo utilitario sigue teniendo su gracia. Mucha gracia. Son cosas de este mundo nuestro donde los medios de comunicación, la publicidad, buscada o no, y los poderosos mimetismos lo mueven casi todo.

De todos modos, ante la noticia, no puede uno menos que acordarse de aquel famoso viaje del Maestro de Francisco y nuestro, Jesús de Nazaret, entrando en la Jerusalén de la Cena, la Pasión y la Cruz “a bordo” de un “pollino, hijo de acémila”. Los tiempos eran otros. Pero Jesús sigue siendo el de siempre. Sus mejores discípulos también, como él y como siempre. Repito, los tiempos han cambiado y, claro, no hay noticia de que se disparara la venta de borricos, hijos de acémila, en aquel Israel de Dios o más allá de sus fronteras. Damos por seguro que no. Y, sin embargo –mírenlo bien y detenidamente, échenle imaginación si a bien lo tienen-, ¿verdad que se parecen mucho el pollino que montó Jesús el Domingo de Ramos y este bendito Kia Soul que cargó en Corea con el Papa Francisco? Casi clavados.

Jesús Mauleón, poeta y cura

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