2015-02-23 Radio Vaticana

(RV).- “Un tiempo para vivir en el desierto y escuchar la voz de Jesús, corrigiendo los defectos que todos tenemos, y haciendo frente a las tentaciones que cada día nos atacan”. Así definió el Papa este domingo a la hora del Ángelus, la semana de los Ejercicios espirituales, que se inauguraron ayer, primer domingo de Cuaresma en la Casa Divin Maestro de Ariccia. Toman parte del retiro el Pontífice y los miembros de la Curia Romana, siguiendo las meditaciones de padre Bruno Secondin, de la Orden de los Carmelitas, sobre el tema “Servidores y profetas del Dios vivo”. Los ejercicios concluirán la mañana del 27 de febrero.

En la hora del Ángelus dominical, reflexionando sobre el Evangelio del día en el que San Marcos describe la prueba afrontada voluntariamente por Jesús, antes de iniciar su misión mesiánica, aquellos cuarenta días de soledad en el desierto cuando enfrentó a Satanás “cuerpo a cuerpo”, desenmascaró sus tentaciones y lo venció, el Pontífice explicó que la Iglesia nos hace recordar tal misterio al comienzo de la Cuaresma, porque ello nos da la perspectiva y el sentido de este tiempo, que es tiempo de lucha espiritual contra el espíritu del mal.

“El desierto es el lugar en el cual se puede escuchar la palabra de Dios y la voz del tentador. En el rumor, en la confusión, esto no se puede hacer; se escuchan sólo las voces superficiales. En cambio, en el desierto, podemos bajar en profundidad, donde se juega verdaderamente nuestro destino, la vida o la muerte. ¿Y cómo escuchamos la voz de Dios? La escuchamos en su Palabra. Por esto es importante conocer las Escrituras, porque de otra manera no sabemos responder a las insidias del Maligno. Y aquí quisiera volver a mi consejo de leer cada día el Evangelio: cada día leer el Evangelio, meditarlo un poquito, diez minutos; y llevarlo también siempre con nosotros: en el bolsillo, en la cartera… Tener siempre el Evangelio a mano. El desierto cuaresmal nos ayuda a decir no a la mundanidad, a los ‘ídolos’, nos ayuda a hacer elecciones valientes conformes al Evangelio y a reforzar la solidaridad con los hermanos”.

“Entonces, entremos en el desierto sin miedo, porque no estamos solos: estamos con Jesús, con el Padre y con el Espíritu Santo. Es más, como fue para Jesús, es precisamente el Espíritu Santo que nos guía en el camino cuaresmal, aquel mismo Espíritu descendido sobre Jesús y que nos ha sido donado en el Bautismo. La Cuaresma, por lo tanto, es un tiempo propicio que debe conducirnos a tomar siempre más conciencia de cuánto el Espíritu Santo, recibido en el Bautismo, ha obrado y puede obrar en nosotros. Y al final del itinerario cuaresmal, en la Vigilia Pascual, podremos renovar con mayor conciencia la alianza bautismal y los compromisos que de ella derivan”.

Después del Ángelus algunas personas sin techo distribuyeron un don del Pontífice para los fieles presentes en la plaza de San Pedro: un pequeño libro titulado “Custodia el corazón”: “Tomen un libro cada uno y llévenlo con ustedes, como ayuda para la conversión y el crecimiento espiritual, que parte siempre del corazón: allí donde se juega la partida de las elecciones cotidianas entre bien y mal, entre mundanidad y Evangelio, entre indiferencia y compartir. La humanidad necesita justicia, paz, amor y sólo los podrán tener volviendo con todo el corazón a Dios, que es la fuente de todo esto. Tomen el libro, y léanlo todos”.

(GM – RV)

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