AÑO  2021-22  Ciclo(C) Par

SOLEMNIDAD DE LA SAGRADA FAMILIA

María y José encuentran a Jesús  entre los doctores del templo de Jerusalén

Lectio Divina Lucas 2, 41-52    26 de Diciembre 2022

Oración inicial

¡Padre que estás en los cielos! Tú eres mi creador, me acoges a través de Jesús tu Hijo, me guías con tu Espíritu Santo. Abre mi mente para que pueda comprender el sentido de la vida que me has dado, el proyecto que tienes sobre mí y sobre los que has puesto a mi lado. Inflama mi corazón para que pueda adherirme con gozo y entusiasmo a tu revelación. Refuerza mi débil voluntad, hazla disponible para unirse a los otros para cumplir juntos tu voluntad y así hacer del mundo como una familia, más semejante a tu imagen. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén

Lectio (Lectura) ¿Qué dice el texto?.
Evangelio Lucas 2,41-52
41 Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. 42 Cuando cumplió los doce años, subieron como de costumbre a la fiesta. 43 Al volverse ellos pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo su padres. 44 Creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; 45 pero, al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca. 46 Al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y haciéndoles preguntas; 47 todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas. 48 Cuando le vieron quedaron sorprendidos y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando.» 49 Él les dijo: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?» 50 Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. 51 Bajó con ellos, vino a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón. 52 Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.

Un momento de silencio orante para que la Palabra de Dios pueda morar en nosotros y la dejemos iluminar nuestra vida; para que antes de nuestros comentarios, sea la misma luz de la Palabra la que se imponga y brille con su misterio de presencia viviente del Señor.

Meditacio (Meditación) ¿Que nos dice el texto?

Algunas preguntas para ayudarnos en la meditación y en la oración.

  • ¿Por qué el evangelista Lucas narra este episodio de la vida de Jesús? ¿Cuál es el culmen, el centro del pasaje?
  • Llega el momento en el que las relaciones familiares (comunitarias) son tensas y difíciles, surgen incomprensiones. ¿Buscamos la autonomía y la independencia? ¿Qué es lo que llega a ser lo más importante a un cierto punto de nuestra existencia?
  • Los afectos, las relaciones, la afirmación de sí mismo, los valores, los negocios, la moral, ¿se pueden ordenar jerárquicamente?
  • Cuando la familia (una comunidad multiétnica), como a veces hoy se puede encontrar, es “ampliada” con padres casados de nuevo, hijos e hijas, hermanos y hermanas, abuelos y abuelas, parientes del padre o de la madre, ¿sobre qué punto firme se puede apoyar? ¿Hay que someterse a alguno o toca rebelarse?

Una clave de lectura para aquéllos que quieran profundizar más en el tema.

Nos encontramos en los así llamados relatos de la infancia según Lucas (cap. 1-2) en los versículos finales. Un prólogo teológico y cristológico más que histórico, en el que vienen presentado los motivos que se harán después frecuente en la catequesis de Lucas: el templo, el viaje a Jerusalén, la filiación divina, los pobres, el Padre misericordioso, etc. Con una lectura retrospectiva, en la infancia de Jesús ya aparecen los signos de su vida futura. María y José conducen a Jesús a Jerusalén para participar en una de las tres peregrinaciones ( en la Pascua, en Pentecostés, y para la fiesta de las Cabañas) prescriptos por la ley (Dt 16,16). Durante los siete días legales de fiesta la gente participaba en el culto y escuchaba a los Rabinos que discutían bajo el pórtico del Templo. “El niño Jesús se quedó en Jerusalén”, la ciudad que el Señor ha escogido para su sede (2Re 21,4-7; Jer 3,17; Zc 3,2), donde está el Templo (Sal 68,30; 76,3; 135,21), único lugar de culto para el judaísmo (Jn 4,2). Jerusalén es el lugar en el que “todo lo que fue escrito por los profetas se cumplirá” (Lc 18,21), el lugar de su “despedida” (Lc 9,31.51; 24,18) y de las apariciones del resucitado (Lc 24,33.36-49). Los padres “se pusieron a buscarle” con ansia y angustia (44.45.48.49). ¿Cómo es posible perder un hijo, no caer en la cuenta que Jesús no va en la caravana? ¿Es Cristo el que debe seguir a los demás o al contrario? “Después de tres días” termina la “pasión” y encuentran a Jesús en el Templo, entre doctores, enseñando, entre el estupor general. Comienzan a desvelarse las características de su misión, que encuentran su compendio en las primeras palabras pronunciadas por Jesús en el evangelio de Lucas: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo ocuparme de las cosas de mi Padre?” Pero ¿quién es su padre? ¿Por qué buscarlo? Es el mismo Padre de las últimas palabras de Jesús, según Lucas, en la cruz “Padre, en tus manos entrego mi espíritu» (23,46) y en la ascensión al cielo: “Y yo os mandaré lo que mi Padre ha prometido” (24,49). Ocurre, ante todo, que se debe obedecer a Dios, como bien lo había entendido Pedro, después de Pentecostés (At 5,29), buscar el Reino de Dios y su justicia (Mt 6,33), buscar al Padre en la oración (Mt 7,7-8), buscar a Jesús (Jn 1,38) para seguirlo. Jesús declara su independencia – “yo debo” – cuando se refiere al Padre celestial. Él lo hace conocer en su inmensa bondad (Lc 15), pero con todo crea una distancia, una rotura, con respecto a los suyos. Antes de los lazos afectivos, de la realización personal, de los negocios…está el proyecto de Dios. «¡Padre, si quieres, aparta de mi este cáliz! Pero no se haga mi voluntad”. (Lc 22,42) . Para la madre María empieza a realizarse la profecía de Simeón (Lc 2,34), “pero ellos no comprendieron”. La incomprensión de los suyos es también la de los discípulos cuando el anuncio de la Pasión (18,34) ¿Rebelarse? ¿Someterse? ¿Irse? Jesús “vino a Nazaret y vivía sujeto a ellos” dice Lucas, y María “conservaba todas estas cosas en su corazón”. La conducta de María expresa el desarrollo de la fe de una persona que crece y progresa en la inteligencia del misterio. Jesús revela que la obediencia a Dios es la condición esencial para realizarse en la vida, por un camino de participación en la familia y en la comunidad. La obediencia al Padre es lo que nos hace hermanos y hermanas, nos enseña a obedecer el uno al otro, a escucharnos, a reconocer el uno en el otro el proyecto de Dios. En este clima se crean las condiciones para crecer “en sabiduría, edad y gracia delante de Dios y de los hombres” y caminar juntos.

Oratio (Oración) ¿Qué decimos nosotros al Señor como respuesta a su Palabra?
Salmo 83 (84)

¡Qué amables son tus moradas, Yahvé Sebaot!
Mi ser languidece anhelando los atrios de Yahvé;
mi mente y mi cuerpo se alegran por el Dios vivo.
Hasta el gorrión ha encontrado una casa,
para sí la golondrina un nido donde poner a sus crías:
¡Tus altares, Yahvé Sebaot, rey mío y Dios mío!
Dichosos los que moran en tu casa
y pueden alabarte siempre;
dichoso el que saca de ti fuerzas
cuando piensa en las subidas.
Al pasar por el valle del Bálsamo,
lo van transformando en hontanar
y las lluvias lo cubren de bendiciones.
Caminan de altura en altura,
y Dios se les muestra en Sión.
¡Yahvé, Dios Sebaot, escucha mi plegaria,
hazme caso, oh, Dios de Jacob!

Oración final

Te damos gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque me has revelado tu bondad y tu amor. Eres verdaderamente el Único que puedes dar pleno sentido a mi vida. Amo a mi padre, pero Tú eres el Padre; amo a mi madre, pero Tú eres la Madre. Aunque no hubiese conocido el amor de mis padres, sé que tú eres el Amor, estás conmigo y me esperas en la morada eterna, preparada para mi desde la creación del mundo. Haz que junto conmigo puedan cumplir tu voluntad también mis familiares, hermanas y hermanos, todos los que hacen un camino comunitario conmigo y así anticipar en esta tierra y después gozar en el cielo las maravillas de tu amor. Amén.

 


Lecturas de la Octava de Navidad : La Sagrada Familia

Ciclo (c) Par

1ª Lectura
1Sam 1, 20-22.24-28 

Al cabo de los días Ana concibióy dio a luz un
hijo, al que puso por nombre Samuel, diciendo:
«Se lo pedí al Señor».
El esposo Elcaná y todasucasasubieron a ofrecer al Señor el sacrificio anualy cumplir su voto. Ana, en cambio, no subió, manifestando a su esposo:
«Esperemos hasta que el niño sea destetado. Entonces lo llevaré, lo ofreceré al Señor y se quedará allí para siempre».
Una vez destetado, lo subió consigo, junto con un novillode tres años, unos cuarenta y cinco kilos de harinay un odrede vino. Lo llevóa la casadel Señor a Siló y el niño se quedó como siervo.
Inmolaron el novillo y presentaron el niño a Elí. Ella le dijo:
«Perdón, por tu vida, mi señor, yo soy aquella mujer que estuvo aquí en pie anteti, implorando al Señor. Imploré esteniñoy el Señor me concediócuanto le había pedido. Yo, a mi vez, lo cedo al Señor. Quede, pues, cedido al Señor de por vida».
Y se postraron allí ante el Señor.

Salmo Responsorial
Sal 83 
R. ¡Dichosos los que viven en tu casa, Señor! 
¡Qué deseables son tus moradas, 
Señor del universo! 
Mi alma se consume y anhela 
los atrios del Señor, 
mi corazón y mi carne 
retozan por el Dios vivo.
R. 
Dichosos los que viven en tu casa, 
alabándote siempre. 
Dichosos el que encuentra en ti su fuerza, 
y tiene tus caminos en su corazón. R.
Señor del universo, 
escucha mi súplica, 
atiéndeme, Dios de Jacob. 
Fíjate, oh Dios, escudo nuestro, 
mira el rostro de tu Ungido. R. .

2ª Lectura
1Jn 3, 1-2.21-24 

Queridos hermanos: 
Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para nos llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él
Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. Queridos, si el corazón no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios. Cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada
Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó
Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.