2014-04-04 Radio Vaticana

 Esta mañana a las 9.00, en la capilla Redemptoris Mater del Palacio Apostólico del Vaticano, el Papa Francisco asistió a la cuarta predicación de Cuaresma del Padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia. En esta ocasión su meditación se centró en “San León Magno y la fe en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre”.
Ante todo, refiriéndose a Oriente y Occidente, unánimes sobre Cristo, el Predicador explicó que hay diferentes vías, o métodos, para aproximarse a la persona de Jesús. Por ejemplo, se puede partir directamente de la Biblia y, también en este caso, se pueden seguir distintas vías: la vía tipológica, seguida en la más antigua catequesis de la Iglesia, que explica a Jesús a la luz de las profecías y de las figuras del Antiguo Testamento; la vía histórica, que reconstruye el desarrollo de la fe en Cristo a partir de las distintas tradiciones, autores y títulos cristológicos, o desde los distintos entornos culturales del Nuevo Testamento. Se puede, por el contrario, partir de las preguntas y de los problemas del hombre de hoy, o incluso desde la propia experiencia de Cristo, y desde todo ello remontarse a la Biblia. Son todas vías ampliamente exploradas.
En cuanto al “Jesús de la historia y el Cristo del dogma nuevamente unidos”, el Padre Cantalamessa dijo que se trata de serenas certezas sobre Cristo, durante los últimos dos siglos, fueron investidas por un ciclón crítico que tendía a quitarlas cualquier consistencia y a calificarlas como puras invenciones de los teólogos, por lo que hubo una especie de grito de batalla entre los estudiosos del Nuevo Testamento con el fin de “liberar la figura de Cristo de los cepos del dogma, para reencontrar al Jesús histórico, el único real.
En el tercer punto de su predicación, el Padre Cantalamessa afirmó que entre la fórmula de Calcedonia y el Jesús real existe la misma diferencia que hay entre la fórmula química H2O y el agua que bebemos o en la que nadamos. Nadie puede decir que la fórmula H2O es inútil o que no describe perfectamente la realidad; ¡sólo que no es la realidad! De ahí que se preguntara ¿quién nos podrá conducir al Jesús “real” que está más allá de la historia y detrás de la definición?
Por último se refirió a Jesús de Nazaret en su calidad de “persona”. Y explicó en el uso moderno el concepto se ha enriquecido con un significado más subjetivo y relacional, favorecido, sin duda, por el uso trinitario de persona como “relación subsistente”. Es decir, indica al ser humano en cuanto capaz de relación, de estar como un yo ante un tú. En ello, la fórmula latina “una persona” se reveló más fecunda que la respectiva griega de “una hipóstasis”. Porque “Hipóstasis” se puede decir de todo objeto individual existente; mientras “persona”, sólo del ser humano y, por analogía, del ser divino. A la vez que reafirmó que nosotros hablamos hoy – y también los griegos – hablamos de “dignidad de la persona”, y no de dignidad de la “hipóstasis”.
Al concluir su predicación el Padre Cantalamessa recordó que en su vida terrena, aunque amaba a todos sin distinción, sólo con algunos – con Lázaro y las hermanas y más aún con Juan, el “discípulo que él amaba” – Jesús tiene una relación de amistad verdadera. Pero ahora que está resucitado y ya no está sujeto a los límites de la carne, él ofrece a cada hombre y a cada mujer la posibilidad de tenerlo como amigo, en el sentido más completo de la palabra. Por esta razón concluyó con el deseo de que el Espíritu Santo, el amigo del esposo, nos ayude a acoger con asombro y alegría esta posibilidad que llena la vida.
(María Fernanda Bernasconi – RV).

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