2014-12-09 Radio Vaticana

Como ya es tradición en la capital Italiana, el Obispo de Roma rezó a la Virgen, en la estatua de la Inmaculada Concepción de la Plaza de España, en el centro de la ciudad. Cientos de personas esperaban en las calles adyacentes, o en las ventanas de los edificios cercanos, para poder ver y saludar al Papa en un soleado, pero frío lunes. Antes de llegar a su cita, Francisco fue a la Basílica papal de Santa María la Mayor para rezar en su día, a la Salus Populi Romani. Escuchemos la oración que el Papa ha escrito para la Virgen:

Oración:

Oh María, Madre nuestra,  

Hoy el pueblo de Dios en fiesta te venera Inmaculada, preservada desde siempre del contagio del pecado. Acoge el homenaje que te ofrezco en nombre de la Iglesia que está en Roma y en el mundo entero.

Saber que Tú, que eres nuestra Madre, estás totalmente liberada del pecado nos da gran consuelo.

Saber que sobre ti el mal no tiene poder, nos llena de esperanza y de fortaleza en la lucha diaria que debemos realizar en contra de las amenazas del maligno.

Pero en esta lucha no estamos solos, no somos huérfanos, porque Jesús, antes de morir en la cruz, nos ha dado a Ti como Madre.

Nosotros, por lo tanto, a pesar de ser pecadores, somos tus hijos, hijos de la Inmaculada, llamados a aquella santidad que en Ti resplandece para gracia de Dios desde el inicio.

Animados de esta esperanza, nosotros hoy invocamos tu materna protección para nosotros, para nuestras familias, para esta Ciudad, para el mundo entero.

Que el poder del amor de Dios, que te ha preservado del pecado original, por tu intercesión, libere a la humanidad de toda esclavitud espiritual y material, y haga vencer, en los corazones y en los adveniventos, el plan de salvación de Dios. 

Haz que también en nosotros, tus hijos, la gracia prevalezca sobre el orgullo y podamos llegar a ser misericordiosos como es misericordioso nuestro Padre celestial.

En este tiempo que nos conduce a la fiesta de la Natividad de Jesús, enséñanos a andar a contracorriente: a despojarnos, a abajarnos, a donarnos, a escuchar, a hacer silencio, a descentrarnos de nosotros mismos, para dejar espacio a la belleza de Dios, fuente de la verdadera alegría.

¡Oh Madre nuestra Inmaculada, ruega por nosotros!

 

(MZ-RV)

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