La Iglesia celebra el domingo la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado
La Iglesia en Valencia, como reconoce el delegado Episcopal de Migraciones, Olbier Hernández, “realiza un trabajo muy grande con los migrantes y refugiados” a través de proyectos de distintas entidades como Cáritas diocesana, entre otros, así como a través de las parroquias: “Son muchos los religiosos y sacerdotes que atienden en sus parroquias o en sus comunidades a todos los migrantes que llegan. Tanto a los que no van a formar parte nunca de la comunidad cristiana como los que llegan y sí forman parte de la comunidad cristiana, porque son católicos, porque son personas religiosas. Y esta integración también hay que verla, ya que no vienen a pedir ayuda sino que vienen a compartir la fe con nosotros y eso es una riqueza para nuestra Iglesia”.
Con el lema de esta jornada, “Ni uno solo de estos pequeños”, como explica Olbier, los obispos “quieren remarcar que la vida de cualquier persona es importante y que solo la vida de una persona vale la pena para trabajar por ella, para devolverle su dignidad, para acogerle, para darle una oportunidad distinta de vida”.
El delegado de Migraciones también destaca que la vista del Papa a España, y concretamente a Canarias para conocer la realidad de la migración ha sido un espaldarazo grande para la labor que la Iglesia realiza en España en este campo”. “Ha sido importante que el Papa estuviera allí, que defendiera la vida humana, que defendiera la vida a los migrantes y que valorara la capacidad de acogida de estas ciudades”, apunta.
Situación en Ceuta
La Jornada de este año coincide con la situación que se está viviendo en Ceuta y que ha colocado el tema de la inmigración en uno de los asuntos de plena actualidad y conflicto político. Como destaca el delegado de Migraciones hay que tener en cuenta, por un lado, “que para que haya acogida tiene que haber un régimen de libertad, de respeto a los derechos, a la individualidad personal, a la propiedad privada, al sistema de convivencia que nos hemos dado y esos derechos han sido vulnerados en la sociedad ceutí”.
“Y al mismo tiempo, los que necesitan ser acogidos, pues se encuentran también con sus derechos vulnerados, porque obviamente el Estado no ha actuado. El Estado no ha garantizado que también se protejan los derechos de esas personas que han entrado, especialmente a los niños. No es posible que sigan durmiendo niños en la calle, no es posible que asistamos actos de violencia, de violación, de robos, porque la necesidad humana es esa comer, dormir, beber y esas necesidades básicas que el Gobierno no las ha cubierto. Es decir, que de un primer momento está claro que hay unas leyes que respetar, que hay una soberanía que mantener y que hay unas fronteras que hay que resguardar. Pero una vez que están dentro porque el Gobierno no ha sido capaz de impedir la entrada, ni el de España, ni el de Marruecos, pues esas personas tienen que tener un mínimo de dignidad, que es un techo y una alimentación hasta que puedan ser repatriados, devueltos o hasta que puedan ser integrados en algún proyecto nacional”, añade.
En este sentido, destaca el papel de la Iglesia, que junto a otras religiones, “puso a disposición sus recursos para ayudar”. “La misión de la Iglesia es que donde hayan necesitados se les ayude porque así nos lo pide el Evangelio. Las formas en las que llegan o la forma en la que son devueltos, ya no corresponde a la Iglesia, corresponde a los estados y al marco legal que los estados han establecido”.
Proceso de regularización
Olbier Hernández también destaca que el reciente proceso de regularización de inmigrantes llevado a cabo en España ha supuesto una oportunidad de integración innegable, que las personas que están en una situación irregular han podido de alguna manera acceder o van a ir haciendo poco a poco a tener una documentación que le va a permitir tener carta de ciudadanía, es decir, no seguir trabajando en negro, no seguir siendo explotados y va a facilitar integrarse socialmente en nuestro país”.
Celebración en Valencia
La Jornada del Migrante y el Refugiado se celebra en Valencia con una eucaristía en la parroquia San Miguel Arcángel de Soternes, Mislata, el domingo 27 a las 19 horas presidida por el obispo auxiliar de Valencia mons. Arturo García.
Los obispos llaman a «mirar más allá de las estadísticas»
Con motivo de la Jornada del Migrante y del Refugiado, los obispos de la Subcomisión Episcopal para las Migraciones y Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal Española invitan en su mensaje a dirigir una mirada renovada hacia los niños, niñas y adolescentes migrantes, a partir del lema «Incluso uno solo de estos pequeños», inspirado en el Evangelio de Mateo (18,5).
Por ello, destacan que todo ello resuena con especial fuerza, al «revivir a nivel personal y comunitario la experiencia vivida con intensidad durante el viaje del Papa a Canarias. Sus gestos, discursos y mensajes movieron nuestras conciencias, compromisos y actitudes».
El mensaje subraya que este lema invita a superar una visión de las migraciones que se analiza con frecuencia en cifras, porcentajes o discursos políticos. Esta expresión «nos obliga a detenernos y a cambiar el enfoque. Nos invita a mirar más allá de las estadísticas y a reconocer el valor único e irrepetible de cada niño, niña o adolescente migrante». «Una sola vida tiene un valor infinito», señalan los obispos, recordando que cada menor migrante tiene una historia, unos miedos, unas esperanzas y unas heridas que merecen atención, protección y respeto.
Los obispos plantean así un cambio de mirada que permita dejar de considerar al migrante como «uno más», una categoría o una cifra, para reconocerlo como una persona y como un prójimo. Esta conversión de la mirada, recuerdan, transforma también la relación con quienes llegan y ayuda a construir una sociedad más justa. Desde la perspectiva del Evangelio, acoger a «uno de estos pequeños» supone además un encuentro con Cristo y constituye una exigencia que afecta al núcleo de la vida cristiana.
«Cuando miramos a un niño migrante y lo reconocemos como alguien único, con sueños y capacidades, cambia nuestra forma de relacionarnos con él. Deja de ser un problema que gestionar para convertirse en una persona que acoger y con la que encontrarse», apuntan los prelados.
El mensaje presta una especial atención a las situaciones de vulnerabilidad que viven muchos menores migrantes, cuyos derechos a la seguridad, la educación, la salud y la protección familiar se ven amenazados. «La infancia se convierte en el grupo más vulnerable de los migrantes», apuntan.
Ante esta realidad, los obispos llaman a superar la indiferencia y a traducir la compasión en acciones concretas, políticas justas y estructuras capaces de garantizar la protección, el acompañamiento y el desarrollo integral de cada menor para contribuir a una verdadera cultura del encuentro.
