Vida Ascendente, con 1.200 mayores en 110 grupos parroquiales, se vuelca en la atención telefónica y en la oración por las víctimas

VALENCIA, 23 ABR. (AVAN).- El confinamiento provocado por las medidas del estado de alarma a causa de la pandemia ha generado en la diócesis de Valencia una red de llamadas solidarias a personas mayores que viven solas, por parte de parroquias y asociaciones, y también una red de acompañamiento telefónico mutuo entre personas mayores, como es el caso del movimiento diocesano Vida Ascendente.

En la actualidad, el movimiento Vida Ascendente, formado por 1.200 jubilados y mayores distribuidos en más de 110 grupos parroquiales, ha sustituido sus reuniones semanales “por la comunicación asidua y constante entre los miembros de cada grupo por teléfono, acompañándonos mutuamente, viviendo en la unidad, aunque no nos podamos ver, y anhelando el tiempo en que podamos volver a reunirnos en fraternal amistad”, ha indicado María Dolores Cortés, presidenta diocesana.

Ahora “nuestro apostolado se centra en la preocupación y la atención a cada uno de nuestros miembros –confinados en sus domicilios– y en la oración por todas las víctimas de esta pandemia, así como en el acompañamiento telefónico de otras personas mayores de nuestras parroquias, vecinos o conocidos nuestros, a los que nos hacemos cercanos, aunque sea a distancia”, según la presidenta, que ha precisado que muchos mayores “sufren un doble aislamiento al no saber usar las nuevas tecnologías”.

La oración “es fundamental para nosotros y cada día, cuando rezamos el Santo Rosario, ofrecemos el último misterio por los miembros del movimiento, especialmente por los que se encuentran solos y enfermos, para que María nuestra Madre los proteja”.

“Está amenazada toda una generación llena de sabiduría y de un gran testimonio de fe”

En estos días “nos entristece ver el gran número de personas mayores que fallecen a causa de este virus, también con casos cercanos en Vida Ascendente, y presentimos que está amenazada toda una generación llena de sabiduría, como apunta el Papa Francisco, pero sobre todo de un gran testimonio de fe, que escucha, cuida, se entrega sin esperar nada a cambio y que proporciona alegría y paz”, ha destacado la presidenta, idea en la que coincide con el consiliario diocesano Luis Sánchez.

Al respecto, “entre nosotros han caído varias personas gravemente enfermas por este virus, y algunas han pasado ya de este mundo a la Casa del Padre, pero en estos momentos de tristeza y de angustia, nuestra fe nos conforta y sabemos que no han muerto, sino que disfrutan de esa vida eterna a la que todos queremos llegar”.


La mayoría de los miembros de Vida Ascendente son mayores “que disfrutan de la plenitud de la vida, pero hay otros, a los que llamamos ´orantes`, que viven recluidos en sus casas por el deterioro físico, ya desde antes de la crisis sanitaria, y que se dedican a rezar, de una manera especial, por los demás miembros y por la buena marcha del grupo”, según Sánchez, que ha explicado que “ahora todos somos ´orantes`, no podemos salir de casa ni recibir visitas, estamos confinados pero unidos en la oración”.

Por último, el consiliario, que también es delegado diocesano de Pastoral de Enfermos y Mayores, ha remarcado como misión actual del movimiento Vida Ascendente “la transmisión de la alegría de Jesús Resucitado a las gentes de nuestra edad y a los más jóvenes, con nuestras limitaciones y debilidades, para testimoniar que después del sufrimiento, y de esto sabemos bastante, siempre viene la Resurrección”.

Vida Ascendente es un movimiento de apostolado seglar, erigido en Valencia en 1989, que se ocupa “de la atención pastoral de las personas mayores, a quienes impulsa a la acción evangelizadora de la Iglesia”.

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