El catedrático de Historia Medieval de la Universitat de València, Rafael Narbona, analiza a fondo el origen del Corpus

  • En 1355, el obispo de Valencia Hugo de Fenollet acordó con los jurados de la ciudad la organización de una solemne procesión general
  • A partir de 1372, “va alcanzando una excelencia” y en 1384 se establece el recorrido
  • “La fiesta del Corpus está viva, ha ido cambiando conforme a la sociedad, pero mantiene su esencia”

 

FOTOS «V. Gutiérrez» / Delegación Medios Arzobispado

La fiesta del Corpus en Valencia es una de las grandes fiestas de la ciudad. Y así lo ha sido desde hace siglos. Este año celebra los 700 años de la primera aparición documentada de la fiesta en un libro del Consell de la Ciutat. Con los años, la fiesta cogería realce y se convertiría en lo que se conoce como la ‘festa grossa’, en la que se ensalza la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía.

Para entender la historia del Corpus en Valencia hay que mirar al origen de esta fiesta en la Iglesia universal. Hay que remontarse al siglo XIII y concretamente hay que situarlo en Lieja (Bélgica), donde había una gran devoción a la Eucaristía. En 1264 el papa Urbano IV instituyó el Corpus Christi como fiesta litúrgica.

Más tarde, en 1311, en el Concilio de Vienne se confirma la fiesta del Corpus Christi, que busca exaltar al Cuerpo y la Sangre de Cristo, y se va extendiendo poco a poco.

En el caso del Reino de Aragón fue el Sínodo de Tarragona la que introdujo en 1301 su celebración especialmente en las catedrales. En este sentido el catedrático de Historia Medieval de la Universitat de València, Rafael Narbona, que ha estudiado a fondo el origen del Corpus, destaca que “hay que tener en cuenta que esta celebración encontró un eco popular que permite ver que se empezó a celebrar pronto”.

De hecho, la primera aparición documentada de la fiesta en Valencia es de 1326 en un libro del Consell de la Ciutat en la que los jurados de Valencia propugnan el calendario festivo de la ciudad y en el que se incluye el Corpus. En este libro, que se conserva en el Archivo Municipal, se establece que en estas fiestas no se puede trabajar ni abrir los comercios ni talleres a excepción de los artículos de primera necesidad. Al principio, como apunta el historiador, la fiesta era diferente a como hoy la conocemos y se limitaba a celebrarse la misa en los templos o pequeñas procesiones, primero en el interior y después en el exterior de la Catedral.

Uno de los aspectos que ya destacaba el Concilio de Vienne, en 1311, es que tenía que ser “una celebración alegre, gozosa y con cánticos”. Esto, como apunta el historiador, “dará lugar a una procesión teofórica de ensalzamiento alegre de la presencia física de la divinidad en la Eucaristía”.

Otra fecha importante en Valencia es 1355, cuando el obispo de Valencia Hugo de Fenollet hace un acuerdo con los jurados de la ciudad Valencia para la organización una solemne procesión general por toda la ciudad. A partir de 1372, apunta Narbona, “va alcanzando una excelencia”. Así, en 1384 está documentado que se establece el recorrido de la procesión, “una especie de circuito sacro por donde siempre va a pasar”. También en los libros de contabilidad municipal, que se conserva en el Archivo Municipal, se ve como poco a poco se van destinando cada vez más recursos a la fiesta, que estaba subvencionada por la municipalidad pero también por la Iglesia, los conventos y los distintos oficios corporativos.

También es interesante señalar que en el siglo XIV “existía un sentimiento de la Eucaristía sobre la sociedad valenciana” tal y como se ve además de en las liturgias y en el culto eucarístico también en la proliferación de una serie de cuentos, leyendas o relatos de milagros eucarísticos, como el dels Peixets de Alboraia, relacionados con la Eucaristía.

Carácter festivo y comunitario

En consonancia con la que la Iglesia pedía a esta fiesta, como apunta Narbona, “en época medieval es una celebración apoteósica, espléndida, excepcional”. “Hay que pensar que la fiesta del Corpus está viva, que ha ido cambiando conforme ha ido cambiando la sociedad, a pesar de mantener la esencia de la celebración. Y conforme ha ido cambiando la sociedad, se ha ido adaptando los criterios espirituales del Renacimiento, del Barroco, de la Ilustración, de la sociedad burguesa del siglo XIX, pues se fueron significando y fueron modelando esta procesión”.

El caso del Corpus valenciano, explica, “es que alcanza unos parámetros de elementos, de elementos podríamos decir de efectos especiales, atrezzo, que incorporan, que es extraordinario”.

Por ejemplo hasta 1545, pongamos por caso el dragón del Corpus, pues tiraba humo, mientras circulaba por las calles, porque tenía un efecto de realismo. La Roca del Infierno estaba acompañada de figurantes vestidos de diablillos, que eran combatidos por las huestes celestiales.En otro conjunto de figurantes se representaban también las luchas entre musulmanes y cristianos, en definitiva, la victoria de la cristiandad, y siempre con referencia a la historia evangélica, con la aparición de figurantes que representaban figuras bíblicas y santos, cada uno con sus atributos, porque tenía una misión catequética a través de composiciones miméticas, porque tampoco era una obra teatral. De hecho, tenemos todavía el baile de la Moma, que es también una lectura metafórica, la virtud que está atacada por los siete pecados capitales y componen una danza”.

El carácter festivo de la fiesta, por tanto, hace que también vaya incorporando elementos lúdicos “en la que a través de figurantes, a través de todo un atrezzo de coros, de danzas -de las que han sobrevivido por ejemplo ‘els caballets’ o ‘els arquets’, entre otras- coreografías y músicas, que glosaban precisamente ese carácter alegre y apoteósico de la fiesta del Corpus Christi”.

Además reúne en una misma celebración a todos los estamentos de la ciudad. Desde la Iglesia -tanto clero secular como órdenes religiosas-, la nobleza o los gobernantes hasta los oficios, lo que serán después los gremios y tosca los ciudadanos. “En el pensamiento medieval existe una clara simbiosis entre comunión y comunidad, comunidad cívica o comunidad urbana, es decir, toda la población de la ciudad. Es una autorepresentación de la sociedad urbana bajo la tutela protectora de la Eucaristía, de la presencia física de Dios en la hostia. En este sentido, la metáfora que adquiere en tierras valencianas la celebración del corpus Christi tiene unas connotaciones cívicas que superan, o al menos son simultáneas, a la celebración religiosa”, explica el historiador.

En la celebración del Corpus toda la población de Valencia participa y era tan extraordinario que era contemplada por vecinos de otras poblaciones cercanas e incluso más lejanas. “De hecho hay otras poblaciones que intentan copiar toda esta exposición simbólica y por supuesto excepcional que era la procesión del Corpus Christi”, concluye.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.