Queridos hermanos:

Al estar cerca el momento de iniciar mi servicio como Párroco de esta Parroquia, quiero expresar, en primer lugar, mi profundo agradecimiento.  Agradecimiento, en primer lugar, a Dios, por este regalo absolutamente inmerecido.  Recibo este ministerio como un regalo, fruto de la misericordia y del amor de Dios, no algo merecido o “ganado”, sino entregado gratuitamente.

Quisiera poder decir con San Pablo: “Doy gracias a Cristo Jesús, nuestro Señor, que me hizo capaz, se fio de mí y me confió este ministerio. Eso que yo antes era un blasfemo, un perseguidor y un insolente. Pero Dios tuvo compasión de mí, porque yo no era creyente y no sabía lo que hacía. El Señor derrochó su gracia en mí. Es cierta y digna de ser aceptada por todos esta afirmación: Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores, y el primero de ellos soy yo. ”  (1 Tim. 1,12-15)

Agradecimiento, también, a la Iglesia, que me confía este ministerio, a través de nuestro Arzobispo, el Cardenal D. Antonio Cañizares.

Agradecimiento a todos vosotros, por la acogida que me habéis brindado.  Hace dos años, llegué a la Parroquia como Vicario.  Así que no llego ahora a un lugar desconocido, sino que puedo decir que llego a lo que me habéis hecho sentir como “mi casa”.  Quiero agradecer a D. Salvador la acogida fraternal que me ha dado desde el primer momento, y a todos vosotros.

En estos años que llevo con vosotros, he podido comprobar la gran vitalidad de nuestra Parroquia. Nuestra Parroquia ofrece ámbitos de escucha de la Palabra, celebración de los sacramentos y crecimiento en la fe, así como de servicio a los hermanos. Gran número de matrimonios, jóvenes, niños… participan en ella, y en todos los ámbitos pastorales (catequistas, educadores, agentes de pastoral, etc.), he visto personas centradas en Jesucristo, capaces y entregadas a la misión.

En esta realidad, hay que destacar la labor de los sacerdotes que han estado al frente de la Parroquia, D. Miguel García Gadea y D. Salvador Biosca Micó.  Sin duda, la Parroquia ha estado regida por grandes sacerdotes, y mi deseo sería poder continuar la labor que han realizado.

Una frase que se escucha mucho a los sacerdotes es “Cuando llegué a la Parroquia, no había nada”.  Desde luego, esto no es verdad en este caso.  Llego a una Parroquia donde hay mucho.  Los sacerdotes somos un poco como San José, el Señor nos encarga cuidar una realidad que no es nuestra, sino que es la obra que Él ha realizado.  “Apacienta mis ovejas”, dice Jesús a Pedro, “las ovejas no son tuyas, sino mías”.

Junto al agradecimiento, quiero mostraros también mi disponibilidad.  Soy consciente que llego a una comunidad viva, y no llego con grandes planes pastorales ni deseos de cambios profundos, sino deseos de servir, acompañar, aprender, y ofrecer lo más esencial: la Palabra de Dios y los sacramentos.  Resuenan estos días en mí, las palabras del Señor: “El buen pastor da su vida por las ovejas”. (Jn 10,11).  Es lo que pido al Señor poder vivir.

Soy consciente de mis limitaciones, pero quiero manifestar mi deseo de serviros, en la medida que el Señor lo permita.  Por eso os digo que no dudéis en pedir aquello que necesitéis.  A los sacerdotes, el Señor nos ha puesto a vuestro servicio, y tenéis derecho a ser atendidos.

Rezad por mí,

Joaquín Ángel Gil Gimeno.

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