Prosper Sindani Mbo, sacerdote adscrito a la parroquia del Santo Ángel Custodio de Valencia, presenta el proyecto a la Fundación Ad Gentes
Desde la diócesis de Kikwit, en la República Democrática del Congo, llega una petición de ayuda a Valencia para la construcción de un pozo de agua potable en la población de Ndunga que abastecerá a más de 1.500 africanos que, hasta ahora, caminan a pie durante más de cinco horas, cada día, para poder obtenerla.
“El acceso al agua potable es uno de los principales desafíos que tenemos, es un proyecto urgente porque incide directamente en la salud y en la subsistencia de las comunidades rurales que dependen de la agricultura”, asegura Prosper Sindani Mbo, sacerdote africano que se encuentra actualmente cursando estudios en la diócesis de Valencia.
“Tener agua disminuiría significativamente enfermedades como diarreas con sangre, parasitosis, cóleras, y liberaría tiempo para actividades educativas, especialmente para mujeres y niñas, que van diariamente a cargar agua a otras zonas para llevar a sus comunidades”.
Además, «disponer de un pozo, de un punto de agua estable, fortalecería la resiliencia comunitaria y contribuiría al desarrollo social y económico del pueblo”, añade. Y es que tener que dedicar gran parte del día a buscar agua resta tiempo para dedicarse al trabajo o para ir a la escuela.
La parroquia del Santo Ángel Custodio inicia una campaña de ayudas
Prosper Sindani está adscrito a la parroquia del Santo Ángel Custodio de Valencia, donde sus feligreses han iniciado una campaña de ayudas destinadas a este proyecto, que también ha sido presentado a la Fundación Ad Gentes del Arzobispado de Valencia.
Precisamente, el párroco del Santo Ángel Custodio, Virgilio González, anima a colaborar en esta iniciativa, un proyecto urgente porque afecta directamente a necesidades básicas de la población. Por ello, desde la parroquia se van a impulsar acciones para destinar ayudas.
El proyecto consiste, por tanto, en la perforación de un pozo profundo con bomba eléctrica para garantizar mayor caudal, fiabilidad y durabilidad que los pozos manuales tradicionales y permitiría abastecer a un número mayor de hogares y reducir la vulnerabilidad frente a la sequía.
Por su parte, Enrique Guijarro, coordinador del proyecto en la parroquia del Santo Ángel Custodio, asegura que nuestro reto es “ser capaces de transmitir la necesidad de colaborar en un proyecto de estas características que es importante pero a la vez asequible, con una dimensión que se puede abordar a nivel parroquial”. Por tanto, “se trata ahora de que seamos capaces de trasladar esta inquietud y conseguir que la gente participe”.
Además, es un proyecto muy concreto que se desarrolla con gente local que se va a llevas adelante con personal del terreno y empresas de la zona y con la ayuda de la Fundación Ad Gentes, en la parte de la gestión y supervisión, desde Valencia.
El presupuesto del pozo en su totalidad son 9.304,90 euros.
Condiciones de vida precarias
La zona de Ndunga, situada en la periferia de Kikwit, en el suroeste de la República Democrática del Congo, es una comunidad rural marcada por una economía de subsistencia y un acceso limitado a servicios básicos. La población es mayoritariamente joven y depende de la agricultura familiar, centrada en cultivos como yuca, maíz, cacahuete, plátano y pequeñas huertas estacionales.
Las condiciones de vida son precarias. También tienen infraestructuras deterioradas, y la electrificación es casi inexistente. Los servicios de salud y educación son insuficientes, lo que incrementa la vulnerabilidad social y limita las oportunidades de movilidad económica.
La inseguridad alimentaria es “recurrente durante la estación seca, entre julio, agosto y prácticamente septiembre. Los jóvenes, sobre todo las chicas, madres o solteras por ejemplo, casi no tienen acceso a la escolarización y deben luchar para sobrevivir”.
Falta de formación técnica y profesional
Por otra parte, otro de los obstáculos para el desarrollo local es la falta de formación técnica y profesional. Por eso, otro proyecto que quieren impulsar es la adecuación de un centro de formación en costura e informática que “representaría una oportunidad estratégica no solo para la recuperación y formación de los jóvenes abandonados a sí mismos, sino también y sobre todo para su reintegración en la sociedad”, afirma Prósper. “Mejorar las competencias laborales, generar ingresos y fortalecer la autonomía económica de la comunidad serían los objetivos”


